Memorias del Tambor es un largometraje documental que recorre la Colombia profunda a través de los latidos vivos de su música ancestral. Desde la ciénaga de Gamero hasta los cerros de San Jacinto, desde los callejones de Palenque hasta las plazas de Ovejas y los campos de Chochó, este relato polifónico exalta el poder del tambor como memoria, resistencia y herencia.
A través de seis relatos íntimos y poderosos, el documental da voz a cantadoras, músicos, maestros y niños que mantienen encendida la llama de géneros como el bullerengue, la champeta criolla, la cumbia sabanera, la gaita ovejera y el porro. Cada historia es un encuentro con el alma sonora de una comunidad, con sus dolores, su alegría y su tenaz esperanza.
Insolina León, “La Tranca”, canta a la orilla de la ciénaga y enseña a las nuevas generaciones que la lengua palenquera no debe morir si se canta. Luis Towers, pionero de la champeta, reivindica su barrio y su ritmo como una forma de sobrevivencia digna. Yeison Landero, nieto del legendario Andrés Landero, siembra cumbia en la montaña como un acto de resistencia emocional. En Ovejas, la gaita es un susurro que viene del pasado y atraviesa generaciones, mientras Gilberto y Lucía, abuelo y nieta, soplan una misma melodía desde orillas distintas del tiempo. Wilfredo “El Tigre” Bello dirige la Banda Juvenil de Chochó con la firme convicción de que la música no muere: solo cambia de manos. Y finalmente, en Sincelejo, William Torres y su hijo William David perpetúan el legado sabanero del acordeón, demostrando que cuando una familia toca unida, la tierra también canta.
Más allá de una celebración musical, Memorias del Tambor es una meditación visual y sonora sobre la transmisión de la memoria cultural. Las canciones no son solo melodías: son rezos, lenguajes, lamentos, gritos de identidad. En cada tambor golpeado, en cada gaita soplada, en cada acorde de acordeón, el pasado se manifiesta para decir que está vivo.
Con una estética sensible y poética, el documental entrelaza escenas alegóricas, testimoniales y musicales para mostrar que la tradición no es una pieza de museo, sino una rueda que sigue girando, un fuego que se pasa de mano en mano. Y mientras haya niñas que aprendan a cantar, abuelos que enseñen a soplar, y jóvenes que escuchen con respeto, el tambor seguirá hablando por los que ya no están… y por los que aún resisten.